jueves, 6 de marzo de 2008


Y tuve un sueño.
Y también en él intenté morir.
(se abalanzaba a mi cabeza)
Me encontré humana en su destrucción.
...Y sola.
Sola de sueños,
sola de muertes,
sola de corazón.

Sentí mi arder en sus encantos,
en sus abrazos de habitación.
Pero fue solo un sueño
y en él me dejé partir.

Nuevamente cerré los ojos.
Quien me ama ya no existe.

Tuve un sueño,
y al igual que él,
no volverá por mí.

lunes, 18 de febrero de 2008


De nuevo, entregada al silencio... a la ausencia.

martes, 5 de febrero de 2008

De regreso, la tristeza se asienta en mi memoria
ondulando nuevamente mis fragilidades.
Tiemblo.
No permite que me acerque.
Impide que lo rodee con el amor de mis labios.
Esta noche, ha vuelto a exprimir mi vida como
cuando desnuda de pretextos me obligaba a ser(vivir).
Y no le miento cuando le digo que en su tambaleante juego
me he perdido en la inhóspita dicha,
en la canción más fría del ser-feliz.

viernes, 1 de febrero de 2008

Hoy el Sol se ha abierto entre mis piernas
empujando su vida hasta amanecer.
En cautiverio,
nos eclipsamos con su brillo en mi eternidad.


Dormir y no pensar.
No volver a respirarte.
Echarme un poco -y a lo lejos-
contemplando la fanática luz.
Mar de amores.
Piel y fuego al escucharte.
Muerte súbita y espasmos.
No hay más calor que el que llevo yo en la sangre,
que me invita a sudarte hasta que quieras.
Sigo al fondo y cuando entro llego amarte
si me incitas con tu carne hasta que mienta.
Que me lleve bien sudada esta condena,
en momentos de fulgor y algarabía.
Entro al sueño... no pensarte
entre las piernas, como loca, hasta mi sur.

lunes, 14 de enero de 2008

Cansada de la bruma,
de la piel inerte de las certezas
aguardo lecciones de olvido
para desaparecer.

Solo la furia contiene las alas
de los frágiles caminos de mi parecer.

Me sublimo en lo infinito,
me hundo para no volver.
No es más que un puñado de oficios
el abismarse y dejar de ser.

Deseo de liturgias cotidianas,
ha hecho de mi vida un fiel camino a la piel,
y lo que ha querido conmigo.
Abismo en el vértigo,
desplaza sus caricias a mi refugio inmortal.

De rodillas he pedido al deseo,
Que me deje morir en el complot de tus caricias,
en la complicidad de los sonidos
con los que cada noche alucina esta habitación.
en las historias de tu pecho,
entre lagunas de placer,
contra la pared,
hacia tu frente.
Sin rendirme, lo he pedido.
Con los dientes, lo he ofrecido.
Necesito quererte.

¡Fuerza que me obliga a sentirla de rodillas...
desnuda mi nombre una tarde cualquiera!
Luego intentaré llevarlo a mi sonrisa.

Que te quedes y te marches:
una alegría que condena.

martes, 8 de enero de 2008



La muñeca respira a escondidas,
rota.
Imitando desgastada a la memoria,
recurriendo a los excesos de la luz.
Cae la noche y se fascina toda.
No controla.
Se devora infinita.
Sigue el curso de la piel hasta la cruz.

La muñeca nunca afirma ni tampoco se incomoda.
Prefiere ahogar su alma entre los espejos.

Dilatada angustia…

Después de haber vivido,
un poco de éxtasis
suele consumirla,
y a estas horas,
se dispone infinita a no preguntar.

Ella desata en mi garganta contracciones del verbo profundo,
sutiles espamos de inocencia y una vida más febril.
Desarma con silencio mis encantos.
Arrebata con su vida mi placer.

A través de la ciudad, la esperada muerte
la sacude intensa en mi fatiga
cuando su piel concentra la amenaza en
el perfume natural de mis caderas.

Me regocijo en el instante del vértigo.
En incontinencia, la pronuncio.
Acaricio su gravedad.

Desplazamos nuestra furia elemental
al abismo que no cuenta,
a la carne que no rechaza,
a la lógica que no persigue;
y vive de mi cuerpo en humedad.