
Gloria, florecita de estornudos,
deja que tu globo brille al amanecer,
así como los gladiolos de Juan Pablo
que abrieron sus ojitos para resplandecer.
No es difícil que se sienta el calorcito,
la alegría inmensa de todo ser.
¡A resplandecer, a resplandecer!,
que hace mucho frío afuera y no te puedo ver.
Deja que tu canto llene todas las iglesias,
que tu voz se agite al estilo del inglés…
¡A resplandecer… a resplandecer!
Gloria, abre tus ojitos,
tu globito ya se ha ido,
vamos juntas a crecer.
lunes, 10 de septiembre de 2007
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Maru Bourne
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16:42
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martes, 4 de septiembre de 2007
Lucía. el espejo de la falda. desbocado. miente
No llegaste a ser. vida. ingenua.
mujer de agobios.
Rinde el cuerpo a tu cabeza.
apagando la luz.
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Maru Bourne
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18:45
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miércoles, 29 de agosto de 2007
martes, 21 de agosto de 2007
viernes, 17 de agosto de 2007
sábado, 11 de agosto de 2007
Y saltó salvajemente de la cama, con un look enrarecido y sonrisa de cartón.
-¡Quieta!
Sin duda, nació para ser libre… y confiscada a mi laberinto cotidiano.
Turbia y audaz, ahora me mira desde el rincón, anhelando no sé qué cosas que yo jamás le podré ofrecer.
Fue en esa esquina donde mis ojos la tomaron por primera vez y acariciaron, entre retazos de luz, aquel talento para envolver que me hizo tan feliz durante los primeros años.
Cínica manera de combatir. Rabia. Destreza. Y un orgullo atrapado en las sábanas de la memoria.
Me gustaría esperar menos de ella. Que me engañara un poco más para no desvanecer. Pero su ligereza de piernas me descubre un nudo intacto, casi cósmico, con el que simpaticé desde su llegada.
Su locura femenina destapa mis garras, su parálisis explotadora me conmueve y me lleva a resaltar sus lúcidos trastornos de simpleza y humildad. ¡Cómo quise hacerla feliz desde lo que no poseo!, pero su manera de satanizar mi vida, me desgarró.
Hoy su instinto celebra mi devoción y su fragilidad. Mi arte criminal ajusta las cadenas para enrollarla con certezas a mi cintura. Hoy la Diablesa se queda porque así lo he querido. Porque así me lo ha enseñado.
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Maru Bourne
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12:27
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jueves, 9 de agosto de 2007
Día cero
Estoy serena.
Henry se ha ido y la distancia solo hace que me entregue
más a su presencia, como órgano extenso, como droga brutal.
Lo disfruto y, aunque no lo sienta, sé que él también lo hace.
Le entregué poder. Me sometí. Exigí. Contemplé.
Henry es la prueba suma de que puedo amar lo mundano, a pesar de mi consistencia etérea y mi fugacidad.
A Henry le debo placer y es mi dicha verlo complacido.
Pero a Henry también le he mentido. No ha sido casualidad. El amor que creo sentir no fue accidental. Yo lo propicié. Yo lo permití. Aun sabiendo que tengo poder para contener.
Mi sangre no pretende lo contrario. Lo quiero porque me da la gana, hasta que el olvido me mate o las ansias me condenen.
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Maru Bourne
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11:14
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Es mi incontinencia de amar la que me mantiene
incólume en mis actos.
Y tú, tan oclusivo, tan trascendental…
¿Me podrías compartir?
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11:10
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¡Dios, por qué me entrego a quienes son incapaces de amar!
Su mezquindad perfora mi razón.
El corazón está acabado.
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Si no tuviera sentimientos, sería mucho más humana,
ahora, en destrucción.
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11:09
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Me bajé de la cama, de la liberación infinita,
para embriagarte la boca con mi única verdad:
un desasosiego.
Nunca estuve preparada para quedarme.
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Maru Bourne
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11:08
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Evito la presión y no contengo respirar
cuando sumerges mi vida a la hora de dejarme.
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Maru Bourne
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10:13
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